No hay límite de tiempo o espacio para afianzarse en la contemplación del Señor Omnipresente. No hay lugar sagrado ni momento especial. Dondequiera que la mente se regocije en la contemplación de la Divinidad, ¡ese lugar es sagrado! Cualquier momento en que se haga, ¡se convierte en el momento propicio! Los sabios y las escrituras antiguas también nos revelaban que para meditar sobre Dios, no hay momento ni lugar fijo. Por lo tanto, en cualquier momento y lugar que la mente lo desee, mediten sobre el Señor. El mundo puede alcanzar la prosperidad sólo a través de almas disciplinadas de corazón puro; representan la sal de la tierra. Para promover el bienestar del mundo, desde este mismo instante todos deben orar por el advenimiento de los nobles y los santos, y tratar de merecer las bendiciones de los grandes. Cada día al retirarse a descansar, recuerden estos pensamientos, y traten de olvidar los sufrimientos del día. (Prema Vahini, Cap. 73). BABA