Los aspirantes se ocupan de contemplar en el Señor (Sarveswara-chinthana) de modo tan incesante como las olas del mar; acumulan la riqueza de la igualdad, y del amor igual hacia todos, y se contentan con el pensamiento de que todo es del Señor, y nada de ellos. A diferencia de la persona común, el aspirante espiritual no se doblega fácilmente ante la pena, la pérdida, la ira, el odio, el egoísmo, el hambre, la sed ni la volubilidad. Debemos dominar todas las cosas buenas mencionadas más arriba, y viajar por la vida con fortaleza, coraje, alegría, paz, caridad y humildad. Habiendo comprendido que cuidar al cuerpo no es tan esencial, tenemos que soportar pacientemente incluso el hambre y la sed, y dedicarnos sin pausa a la contemplación en el Señor. Discutir por cada pequeñez, dejarse llevar por la ira, ponerse triste a la menor provocación, enojarse al menor insulto, preocuparse por la sed, el hambre y la falta de sueño: estas nunca pueden ser las características de un aspirante. (Prema Vahini, Capítulo 59). BABA