Mientras luchen en el campo espiritual, deben tomar como protector al Dios Supremo. Para infundir valor en el niño, la madre lo persuade para que camine unos pocos pasos, más nunca permitirá que el niño fracase. Si el vacila y está a punto de perder el equilibrio, ella se apresura desde atrás y lo agarra antes que caiga. Así mismo, El Creador tiene sus ojos puestos en el ser viviente.
El tiene en sus manos la cuerda de la cometa que es el hombre; algunas veces puede darle un jalón, alguna vez puede soltarla, pero, cualquier cosa que haga, estén confiados y sin cuidado, porque es el quien sostiene la cuerda.
Con esa fe siempre presente, con ese sentimiento convirtiéndose en un samskara, los llenara de una emoción sublime. (Prema, El Amor Divino. Sathya Sai. Págs 40 y 41)